Publicado el sábado, 12 de septiembre de 1998 en El Nuevo Herald

ROBERTO LUQUE ESCALONA

Enzima propagandística

En alguna parte leí que existe una enzima que sirve para ablandar la carne. Algo por el estilo se está utilizando en esta ciudad para ablandar al exilio y resolverle a Esteban Dido sus necesidades, que no son pocas.

Empecemos con Max Castro, uno de esos temerarios que nadan contra la corriente . . . siempre que el río no sea muy profundo. Como siempre, se trata de la intolerancia del exilio. Ese exilio que trató como ``un paria'' al excelso Nelson Mandela, ``el político más admirado del mundo'', el que, poco antes de llegar a a Miami tuvo la arrogante desfachatez de proclamarse amigo de Esteban sabiendo que venía a una ciudad donde viven cientos de miles de sus víctimas, el que defendió el embargo contra el gobierno del apartheid y critica el embargo contra el de su amigo. Si quiere usted un caso más ilustrativo de lo que significa la frase ``doble moral'', le sugiero que no se moleste en buscarlo; no lo encontrará.

Castro equipara el derribo del avión de Cubana en Barbados con el de las avionetas de Hermanos al Rescate. O sea, que es lo mismo la acción de un grupo terrorista que coloca una bomba en una aeronave que el ataque con aviones de guerra ordenado por un gobierno. También se refiere a que la carrera de la perseguida Magda Montiel va ``viento en popa''. Será su carrera como abogada de inmigración, para lo que cuenta, entre otras cosas, con sus contactos con la tiranía, porque lo que es su carrera política . . . R.I.P.

Castro está muy ofendido porque lo llamaron ``socotroco''. En realidad, no le falta razón cuando dice que los cubanos no sabemos disentir sin insultar. Ahí tienen, por ejemplo, a Carl Hiaasen. No se dejen engañar por el nombre; algunas páginas memorables de la literatura cubana fueron escritas por un señor llamado Calvert Casey. Pues bien, el escritor cubano Carl Hiaasen, nativo de Tacotaco, Pinar del Río, llamó ``idiotas'' a los que votaron por Humberto Hernández. Creo que el ejemplo es inmejorable porque no se trata de una persona, sino de miles, y es posible que Hiaasen no conozca a ninguna de ellas. Lamentablemente, los cubanos somos así.

Dejemos a Castro y echemos una ojeada a MIDEM, que tuvo la gentileza de obsequiarnos con la presencia de Compay Segundo, ``una leyenda'', ``un mito'' de la música cubana, ``el hombre más esperado en el sur de la Florida''. Como aquí nadie parece saber quién es, les daré alguna información. A principios de los años 50 debutó el dúo Los Compadres, definido por la voz y el estilo de Lorenzo Hierrezuelo, sonero muy rítmico, original improvisador y ya conocido por haber sido el acompañante de María Teresa Vera. La voz segunda (de ahí lo de Compay Segundo) era Francisco Repilado, un buen tresero, pero que nunca llegó al nivel de Isaac Oviedo o de Pancho Amat. El dúo fue exitoso, sin llegar a tener la fama de, por ejemplo, Celina y Reutilio, pero exitoso fue . . . gracias a Hierrezuelo, que en los 70 sustituyó a Repilado con Rey Caney en lo que fue, quizás, un acto de nepotismo: Rey Caney se nombra Reinaldo Hierrezuelo y es sobrino de Lorenzo. Sea como fuere, la ausencia de Repilado pasó inadvertida. En fin, que presentar a Compay Segundo como una figura importante de la música popular cubana tiene un nombre: fraude.

Fraude es también el ``apoliticismo'' de los artistas visitantes. Cuando escuché a Omara Portuondo hablar de paz y amor por poco lloro. Me salvó del llanto lo que me contó Arturo Sandoval sobre su encuentro en Madrid con la cantante, cuando él recién había decidido no regresar al infierno; lo que le dijo entonces a Sandoval la señora Portuondo no fue nada pacífico ni amoroso. En cuanto a Compay Segundo, antes de venir aquí declaró en Londres que Esteban era ``Dios''. Me enteré de la declaración (vía Guillermo Cabrera Infante) mucho antes de que Compay Segundo llegase a Miami; si no hablé antes del asunto fue para evitar que alguna víctima del dios se bestializara y le diera un pezcozón o una patada en el envés al nonagenario tresero, algo que le hubiese encantado al Coma Andante.

Parte fundamental en el ablandamiento enzimático es ese lugar de la calle 8 al que llamo ``Café con aroma de Guevara''. Jamás en mi vida, que ya nadie podrá llamar corta, he visto que se le dé tanta propaganda gratuita a un establecimiento comercial, y en ello se ha destacado de manera particular la sección Viernes de El Nuevo Herald. Es un constante machacar, que a veces invade incluso a Opiniones (Andrés Reynaldo, Jorge Dávila y ahora, para mi sorpresa, Gina Montaner). Nadie parece querer recordar que los exiliados llegamos aquí en la total pobreza, pero que el dueño del café montó un negocio a los pocos meses de arribar a Miami cargado con maletas de lujo; que los que nos íbamos no podíamos sacar ni fotos de la familia, pero que el dueño del Café sacó, ante las narices de los segurosos, películas que sólo se podían ver en el ICAIC del suave y tenebroso Alfredo. Todo lo obvio se deja a un lado para presentar a ese timbiriche como un lugar de obligada visita. Pronto leeremos que su mediocre piquete es superior a la Sonora Matancera y que es ``un hito'' (todo esto me recuerda a Tohito Kagahito, un político japonés sumamente corrupto) de la música cubana.

Pero éste es un país libre y Miami no es La Habana, capital de la intolerancia y la represión. ¿Quiere usted ir de romería al Café con Aroma de Guevara? Pues vaya. Yo prefiero a Luis García y su Rincón del Feeling. Una voz agradable y bien manejada, un piano bien tocado, bellas canciones. Incluso información: la última vez que estuve allí me enteré de algo que demuestra los avances de la apertura política en Cuba. Dice Luis García (a mí no me lo crean) que, como parte de la onda aperturista, se ha convocado un concurso de chistes contrarrevolucionarios. Primer premio: veinte años en cana.


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