Los cambios que el mundo entero pide desde hace años al
gobierno parece que comienzan a producirse desde los núcleos de la
comunidad, que es donde recae la mayor carga de penurias.
El gobierno y la prensa oficial no han dicho ni una palabra sobre el
episodio, pero el martes se recibió un mensaje. Granma
publicó un comunicado para anunciar que la celebración de la
Navidad que estaba prohibida ahora será obligatoria.
La oposición creyó entender que la trifulca frente al
Tribunal Provincial en Prado y Teniente Rey, donde se iba a celebrar un
juicio contra el periodista Mario Viera, pasó al severo archivo
gubernamental.
El silencio de las autoridades trata de minimizar --''ningunear'',
dirían los jerarcas del PRI de México-- la
confrontación. Sin embargo, en la fila de los opositores y en las
zonas de la población se reflexiona.
La mayoría de la oposición ve el incidente como una
victoria por su resonancia internacional y por la fuerza con que ha
recorrido la república.
Otros piensan que se inaugura una vía que puede cambiar el
estilo de trabajo dentro de la isla, y una minoría
pragmática o pesimista opina que se trató simplemente de un
hecho más de represión y fuerza del Estado.
¿Qué hubiera pasado si los opositores insultados y
agredidos permanecen en silencio, se cruzan de brazos y continúan
sus oraciones?, se preguntaba Yolanda, una maestra que participó en
los disturbios.
En la calle el hecho se ha sobredimensionado por la falta de
objetividad de unos 300 ''reporteros'' voluntarios, que vieron los
enfrentamientos y salieron a sus barrios y a sus centros de trabajo con
versiones diversas.
La gente en sus casas, con los amigos y en las esquinas, comentan lo
del Capitolio, con centenares más o centenares menos de
participantes, con detalles exagerados o producto de la invención
popular, pero el asunto está vivo y la oposición tiene una
presencia cada vez más real en esta sociedad.
Grandes sectores de la población asisten a estos y a otros
acontecimientos desde las gradas. Con asombro y admiración a veces,
con descreimiento otras, y con el conformismo que inoculan la prensa y el
discurso oficial.
Los cambios que el mundo entero pide desde hace años al gobierno
parece que comienzan a producirse desde los núcleos de la
comunidad, desde la base de la nación, que es donde recae la mayor
carga de penurias materiales y espirituales.
En diciembre, el Estado se resguarda con el festival de cine y los
cubanos van a las salas a ver en las pantallas cómo es la vida en
el mundo y a escapar de la suya. Ya empezó el de este año, y
actrices maquilladas y agudos críticos cinematográficos
llenarán los periódicos, la radio y la televisión.
Ahora bien, esta vez el eco de la escaramuza de Prado y Teniente Rey,
el sonido seco de los golpes, mantiene la atención en el
vecindario.Disturbio fue como un disparo en la noche
Copyright © 1998 El Nuevo Herald