Publicado el miércoles, 2 de diciembre de 1998 en El Nuevo Herald

Disturbio fue como un disparo en la noche

RAUL RIVERO
Especial para El Nuevo Herald

Los cambios que el mundo entero pide desde hace años al gobierno parece que comienzan a producirse desde los núcleos de la comunidad, que es donde recae la mayor carga de penurias.

Los sucesos del viernes frente al Capitolio, en pleno corazón de La Habana, en los que un centenar de opositores pacíficos fue atacado por paramilitares y policías, dejaron en la ciudad una tensión que recuerda el sentimiento que sobreviene en un vecindario cuando en la alta noche se escucha un disparo.

Uno solo, seco y cercano. Muy cercano.

El gobierno y la prensa oficial no han dicho ni una palabra sobre el episodio, pero el martes se recibió un mensaje. Granma publicó un comunicado para anunciar que la celebración de la Navidad que estaba prohibida ahora será obligatoria.

La oposición creyó entender que la trifulca frente al Tribunal Provincial en Prado y Teniente Rey, donde se iba a celebrar un juicio contra el periodista Mario Viera, pasó al severo archivo gubernamental.

El silencio de las autoridades trata de minimizar --''ningunear'', dirían los jerarcas del PRI de México-- la confrontación. Sin embargo, en la fila de los opositores y en las zonas de la población se reflexiona.

La mayoría de la oposición ve el incidente como una victoria por su resonancia internacional y por la fuerza con que ha recorrido la república.

Otros piensan que se inaugura una vía que puede cambiar el estilo de trabajo dentro de la isla, y una minoría pragmática o pesimista opina que se trató simplemente de un hecho más de represión y fuerza del Estado.

¿Qué hubiera pasado si los opositores insultados y agredidos permanecen en silencio, se cruzan de brazos y continúan sus oraciones?, se preguntaba Yolanda, una maestra que participó en los disturbios.

En la calle el hecho se ha sobredimensionado por la falta de objetividad de unos 300 ''reporteros'' voluntarios, que vieron los enfrentamientos y salieron a sus barrios y a sus centros de trabajo con versiones diversas.

La gente en sus casas, con los amigos y en las esquinas, comentan lo del Capitolio, con centenares más o centenares menos de participantes, con detalles exagerados o producto de la invención popular, pero el asunto está vivo y la oposición tiene una presencia cada vez más real en esta sociedad.

Grandes sectores de la población asisten a estos y a otros acontecimientos desde las gradas. Con asombro y admiración a veces, con descreimiento otras, y con el conformismo que inoculan la prensa y el discurso oficial.

Los cambios que el mundo entero pide desde hace años al gobierno parece que comienzan a producirse desde los núcleos de la comunidad, desde la base de la nación, que es donde recae la mayor carga de penurias materiales y espirituales.

En diciembre, el Estado se resguarda con el festival de cine y los cubanos van a las salas a ver en las pantallas cómo es la vida en el mundo y a escapar de la suya. Ya empezó el de este año, y actrices maquilladas y agudos críticos cinematográficos llenarán los periódicos, la radio y la televisión.

Ahora bien, esta vez el eco de la escaramuza de Prado y Teniente Rey, el sonido seco de los golpes, mantiene la atención en el vecindario.


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