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De arriba a abajo, izquierda a
derecha: N. Hernandez
Viramontes
Medina
Guerrero
Santos
Campa
Gonzalez
L. Hernandez
Silverio
Alonso |
En lo que constituye una acción sin precedentes en las cuatro
décadas de existencia del régimen castrista, el Buró
Federal de Investigaciones acusó el lunes ante la Corte Federal de
Miami a un grupo de diez cubanos de trabajar como agentes del gobierno de
Cuba, y de tener como objetivo la obtención de informes sobre
instalaciones militares y grupos exiliados del sur de la Florida.
Según el informe presentado ante el juez Barry L. Garber por el
agente especial del FBI, Raúl Fernández, la mayoría
de los acusados son oficiales de los servicios de inteligencia del
gobierno de Cuba, quienes residían en Estados Unidos con
identidades falsas y controlaban a otros agentes reclutados para labores
de espionaje, infiltración en organizaciones del exilio, así
como la manipulación de medios de prensa, organizaciones
políticas y la opinión pública.
Los acusados enfrentan cargos de ``conspiración y fraude contra
el gobierno'', violación de la ley que obliga al registro de
``agentes de un país enemigo'', y el más grave de todos, que
puede llevar a cadena perpetua sin derecho a libertad bajo palabra,
``envío de informaciones relacionadas con asuntos de defensa a un
gobierno extranjero'', o sea, espionaje.
En la primera audiencia del caso, el juez Garber decidió nombrar
abogados de oficio para por lo menos ocho de los acusados, que
argumentaron no tener medios para defenderse. Solamente Nilo y Linda
Hernández nombraron a su propio defensor, Rick Díaz.
El caso, que recibió el número
98-3493 , y cuya acta de acusación consta de 27 páginas,
divididas en 49 capítulos, marca un hito en la solapada guerra de
inteligencia que durante cuatro décadas han sostenido los dos
países.
``Esta red de espías fue enviada por el gobierno cubano para
golpear el corazón mismo de nuestro sistema de seguridad nacional y
nuestro proceso democrático'', comentó el fiscal federal,
Thomas Scott.
La fiscalía, representada por los primeros asistentes del fiscal
federal en la Florida, Guy Luis y Caroline Heckmiller, también
solicitó al juez que no les concediera la libertad bajo fianza,
pero Garber marcó varias audiencias separadas para la semana
entrante, para decidir al respecto.
``Señoría, creemos que hay razones fundamentadas para
negarles la fianza a todos, porque pueden escapar del país'', dijo
Heckmiller.
Los acusados, ocho hombres y dos mujeres, comparecieron esposados en la
corte poco después de las 2:30 p.m., en medio de un enjambre de
periodistas y familiares, que tuvieron dificultad en acomodarse en la
angosta sala de audiencias.
Entre el público se encontraban conocidos activistas del exilio
cubano, como Silvia Oriondo, de la organización Mar, y José
Basulto, presidente de Hermanos al Rescate.
La vista duró cerca de media hora, y los acusados se presentaron
vestidos de camisa azul clara de manga corta, pantalón azul oscuro,
medias verdes y chancletas carmelitas. Se mantuvieron callados todo el
tiempo, de semblante serio, y respondieron lentamente a las preguntas del
juez a medida que se identificaban e informaban de sus direcciones,
cuentas bancarias y profesiones.
A la salida, los abogados se negaron a comentar el caso argumentando la
necesidad de estudiarlo. Sin embargo, Díaz dijo a la prensa estar
bajo la impresión de que la fiscalía no ha aportado todos
los datos de este caso.
``No lo puedo asegurar, pero por la forma en que está presentada
la acusación, el FBI debe disponer de un informante confidencial en
este caso'', dijo el letrado de los esposos Hernández.
En el acta de acusación, aparecen otros dos nombres, Ricardo
Villareal, alias, Horacio y Remijio Lunas, alias Marcellino, pero se
aclara únicamente que no fueron atrapados, por encontrarse fuera de
Estados Unidos al momento de los arrestos.
Más tarde, en una conferencia de prensa en la sede de la Oficina
Federal de Investigaciones (FBI) en Miami, su director Héctor
Pesquera se negó a comentar al respecto.
``Esta es la mayor operación de este tipo que hemos realizado en
el sur de la Florida. Normalmente se atrapa un oficial enemigo, en este
caso atrapamos a tres y a siete de sus agentes. La inteligencia cubana
debe estar corriendo'', dijo Pesquera.
Según el funcionario, las investigaciones empezaron en 1994,
envolvieron un número ``importante'' de oficiales del FBI, que no
aclaró, y los arrestos fueron informados temprano el sábado
por la mañana a los congresistas Ileana Ros-Lehtinen y Lincoln
Diaz-Balart.
Entre las evidencias presentadas por el FBI a la prensa, se encuentran
tres computadoras de tipo laptop, radios receptores portátiles de
onda corta, transmisores y scaners de onda corta, así como varias
antenas, tanto de uso interior como exterior, y de automóvil.
La documentación incluye también varias aplicaciones de
trabajo en dependencias relacionadas con el sistema de defensa del
país, así como un certificado de defunción de un
niño que falleció en California en 1969 apenas con cinco
días de nacido, y que supuestamente estaba listo para ser utilizado
como cobertura de identidad para un futuro agente, explicó un
oficial del FBI.
A todo esto, se adjuntan decenas de diskettes de computadoras donde el
FBI encontró los registros de contacto con los servicios de
inteligencia cubanos, copias de órdenes recibidas del ``centro
principal'', supuestamente en Cuba, recibos y constancias de pagos a
agentes y gastos operacionales, así como copias de órdenes y
instrucciones recibidas por la red de espías.
``La evidencia es tan abrumadora'', añadió Scott, que ``no
hemos podido desplegarla toda aquí esta tarde''.
Mientras tanto, en La Habana, el vocero de la cancillería
cubana, Alejando González, instado a comentar los arrestos, no
profundizó mucho en el tema y se limitó a confirmar haber
tomado conocimiento del caso.
``Sólo conocemos lo que se ha informado a través de los
cables de prensa. Este es un asunto en el que las que están
envueltas son las autoridades norteamericanas, y no es responsable
pronunciarnos sobre un tema que desconocemos'', dijo González.
En el informe distribuido a la prensa por el FBI, se consigna que ``el
grupo a través de sus agentes principales, u oficiales ilegales, se
comunicaba directamente con el gobierno de Cuba acerca de sus actividades,
recibía misiones específicas y asignaciones del gobierno
cubano''.
Los acusados fueron identificados como, Manuel Viramontes, que
aparentemente actuaba como jefe de la red, Luis Medina, René
González-Sehweret, Antonio Guerrero, Ruben Campa, Alejandro Alonso,
los esposos Nilo y Linda Hernández, Joseph Santos y Amarilys
Silverio. Todos fueron arrestados en sus respectivos domicilios en un
operativo llevado a cabo por el FBI en la madrugada del sábado 12
de septiembre.
``Desde 1995 el FBI ha vigilado y observado directamente los
movimientos, comunicaciones y residencias de uno o más de los
individuos nombrados aquí'', precisó el informe.
La acusación del FBI sobre esta supuesta red de espionaje
organizada por el gobierno de Cuba, contra objetivos militares y
políticos en Estados Unidos, se produce en momentos en que la misma
institución ha encausado a un grupo de exiliados cubanos en Puerto
Rico bajo cargos de conspirar para atentar contra la vida del gobernante
cubano Fidel Castro.
De acuerdo con las investigaciones del FBI los dirigentes del grupo,
al momento de su arresto, el 12 de septiembre de 1998, eran Viramontes,
alias Giro o Giraldo; Campa, alias Vicky, y Luis Medina, alias Allan.
Viramontes dirigía fundamentalmente toda la operación y
supervisaba la infiltración de otros agentes en grupos exiliados en
Miami; Medina, tenía bajo su responsabilidad penetrar e informar
sobre las instalaciones militares en el Sur de la Florida, incluyendo el
Comando Sur y la Base Naval Aérea de Boca Chica en Cayo Hueso.
La acusación compromete a los detenidos como ``agentes de un
gobierno extranjero'', quienes ``operaron dentro de Estados Unidos sujetos
a la dirección o control de un gobierno u oficial extranjero''.
``El grupo, a través de sus agentes principales, u oficiales
ilegales, se comunicaba directamente con el gobierno de Cuba, acerca de
sus actividades, recibía misiones específicas y asignaciones
del gobierno cubano'', indicó el informe.
Según el FBI, siguiendo instrucciones del gobierno de Cuba el
grupo recabó informes de inteligencia relacionados, entre otras
cosas, con actividades humanitarias y de política doméstica
de organizaciones anticastristas en el condado Miami-Dade; la
operación de instalaciones militares de Estados Unidos y otras
funcionaes del gobierno federal.
``Los miembros del grupo recibían apoyo financiero del gobierno
cubano'', subrayó el informe.
Viramontes, descrito en el informe con rango de capitán en el
aparato militar cubano, reside en Estados Unidos desde 1992, y su nombre
es supuestamente falso.
Según el FBI, Viramontes como dirigente principal del grupo,
tiene órdenes específicas, de negar bajo cualquier
circunstancia ``ser parte o estar relacionado con la inteligencia cubana o
cualquier otra organización cubana''.
Medina está identificado en el informe como ``un oficial de
rango desconocido dentro de la Dirección de Inteligencia'' cubana.
Desde principios de 1992 trabajó en la zona de Tampa recolectando
información sobre las operaciones de la Base McDill de la Fuerza
Aérea.
Sin embargo, según el informe, en 1996 fue transferido a Miami
``específicamente para dirigir los esfuerzos de infiltrar el
cuartel general del Comando Sur de Estados Unidos'', trasladado desde
Panamá a esta ciudad.
Copyright © 1998 El Nuevo Herald