Marzo 9, 1999

La izquierda ante Los Cuatro

por Manuel David Orrio, Cooperativa de Periodistas Independientes

LA HABANA, marzo - Fuentes del exterior informan de un creciente repudio de la izquierda mundial a lo acontecido en La Habana con los autores de La Patria es de Todos. Asimismo, la insospechada publicidad dada al caso por el gobierno de Fidel Castro, incluida la transmisión íntegra por televisión de las conclusiones de la fiscal actuante en el proceso judicial, da la medida de hasta dónde se ha concitado la atención del orbe y de hasta dónde las autoridades de la isla se han sentido presionadas.

Ni uno solo de los amigos extranjeros que se han comunicado con este periodista ha dejado de manifestar su sorpresa ante la respuesta de la izquierda. Uno de ellos sostiene la hipótesis de que hubo un error de cálculo, en tanto fue esperable para Fidel Castro una para él muy oportuna reacción desde el Potomac, pero no el rechazo de sus cercanos; incluso de algunos de sus más cercanos.

Comprender esta sorpresa pasa por recordar lo que se dio en llamar la crisis de la izquierda. A raíz del crack socialista y el repunte liberal, un buen número de partidos de esa tendencia se vio al borde del abismo por haber cometido un error estratégico: colocar en primer plano la lucha por los derechos económicos y sociales, descuidando el inmenso caudal presente en los políticos y civiles. Como nunca, para las izquierdas, se planteó el dilema de hallar una justa relación entre socialismo y derechos humanos. Como nunca, el fantasma de Rosa Luxemburgo apareció en las reuniones del partido para recordar su más importante advertencia: "Libertad sólo para los partidarios del gobierno, solamente para los miembros de un partido, no importa cuán numerosos sean, no es libertad. Sólo lo es si es libertad para aquél que disiente".

Un decenio de crisis y recomposición no ha pasado por gusto. Si a fines de 1990 pudo decirse que la izquierda "no se había presentado", hoy está en la palestra, armada de un serio compromiso con valores democráticos universales, y plenamente capaz de librar la batalla de las urnas.

En tal escenario, y conocido el compromiso de una izquierda renovada con el rechazo de las sanciones económicas unilaterales de Estados Unidos hacia Cuba, un conflicto alrededor de la libertad de expresión, como ha sido el caso de los cuatro de La Patria es de Todos, no da el menor espacio para el silencio cómplice, porque puede reflejarse en la intención de voto. Se produce, así, una interesante paradoja: los acusadores crean problemas a los aliados.

Por eso, desde Cuba, aparece un gambito de reina brillantemente ejecutado por la fiscal actuante en el proceso, y según el cual, los cuatro son una banda de sediciosos de guante de seda.

Más allá de que el ejercicio de la libertad de expresión, incluida la tolerancia de ciertos excesos, --no todos-- lo cierto es que tres imputaciones fiscales parecen probadas: una incitación al condicionamiento político de remesa provenientes de Estados Unidos que pudiera conducir a su disminución o desaparición; un intento de desestimular a la inversión extranjera, y otro de hacer campaña en favor de la abstención electoral y la anulación de boletas de votación como medios de protesta cívica, en país donde ese tipo de publicidad está prohibida. A un extranjero puede parecerle que tales hechos no son constitutivos de delito. Pero en Cuba el asunto no es así, aunque los periodistas independientes la emprendan a diario contra la injusticia.

Sin embargo, la clave política del drama no es ésa, sino una presente en una curiosa acotación que un escritor de izquierda y reconocidos vínculos con Castro, el brasileño Frey Beto, apuntó sin saber a dónde iría a parar. En su ensayo de 1990, El Fracaso del Socialismo Alemán y los Desafíos de la Izquierda Latinoamericana, Beto planteó a rajatabla el conflicto entre libertad y socialismo, y expuso una consideración luminosa. Según él, "para poder privatizar los bienes materiales, el capitalismo socializa los bienes simbólicos por medio de la religión o los medios electrónicos, los cuales no distinguen la choza del pobre de la mansión del rico. El socialismo ha hecho exactamente lo contrario: socializa los bienes materiales y privatiza el sueño, en la medida en que únicamente los que detentan el poder pueden aspirar al ejercicio de la transgresión; como cambiar, por ejemplo, el modo de pensar y obrar en materia política, que es uno de los atributos de la libertad".

Este problema capital, que ha hecho sudar sangre a todos los socialistas del mundo, se manifiesta en toda su crudeza en el caso de los cuatro de La Patria es de Todos. Así, al contrastar las acusaciones que se les hacen con un par de ejemplos provenientes del poder se revela lo siguiente: los cuatro incitaron al condicionamiento político de los envíos de remesas provenientes de Estados Unidos, lo cual pudo traer la disminución o eliminación de dichas ayudas, más o menos dijo la fiscal. Pero apenas dos meses atrás, Ricardo Alarcón en persona calificó una decisión del presidente Clinton, favorable a un incremento de las remesas, como "nuevo plan del imperialismo". Tras el titular del parlamento cubano, las llamadas organizaciones de masas corearon el estribillo. ¿No incitó Ricardo Alarcón a los residentes estadounidenses, en el sentido de no enviar dinero a Cuba?

Expresó la fiscal que la ley prohibe todo tipo de publicidad electoral, excepto la exhibición en lugares públicos de las biografías e imágenes fotográficas de los candidatos. Durante la pasada votación de diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular, millones de cubanos fueron inundados de propaganda en favor del llamado "voto unido"; es decir --y como apunta con precisión jurídica milimétrica la representante del ministerio público-- se les incitó a inclinarse por una de las opciones electorales. Desde el punto de vista de la ley, ¿en qué se diferencia un llamado al abstencionismo y una exhortación al voto unido? ¿No están prohibidos uno y otra?

De los cuatro, a quien mejor conozco es a Vladimiro Roca. Mi opinión sobre él puedo darla en el mejor castellano de Cuba si digo que "el tipo es de ampanga". Pero eso no me hace olvidar su condición genéticamente socialista, ni dejar de decir a esa izquierda que se levanta en defensa de él y de sus compañeros: la batalla de este momento --por ellos y por todos los cubanos-- no es por la libertad de expresión en particular, ni en pro de la inocencia de los acusados. La batalla de este momento es por el logro de igual libertad e igual justicia para cada uno de los nacidos en la tierra de José Martí.

En ese sentido, aunque la brillante fiscal diga lo contrario, la patria sí es de todos.




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