Septiembre 17, 1999


¿Quién dijo miedo?

Claudia Márquez Linares, Grupo de Trabajo Decoro

LA HABANA, 15 de septiembre - "En Cuba el descontento no se expresa en manifestaciones callejeras". Esta afirmación se la escuché a un joven turista latinoamericano que se encontraba paseando por el casco histórico de la capital.

Lo que afirmó aquel joven es sin dudas cierto. Sí reconocemos que el cubano está en desacuerdo con la vida que se ve obligado a llevar, ¿por qué no se observan esos espectáculos casi cotidianos que ocurren en otras partes del mundo de multitudes desafiando a las autoridades o los trabajadores abogando por reformas sindicales?

La respuesta no la encontraremos si nuestro análisis es superficial. Alguien que conoce de cuestiones políticas me comentaba: "El totalitarismo es un sistema que se mantiene por un control casi celular de la sociedad y esto se manifiesta infundiendo miedo".

Luego de reflexionar sobre esto último comprendí con mayor claridad algo de lo cual soy testigo, pero que no siempre resulta fácil de explicar a aquéllos que provienen de otras latitudes, y es que allí está la clave de por qué aun persiste en Cuba no sólo un descontento reprimido, sino incluso un aparente apoyo al régimen. Es conocida la dependencia casi total que el pueblo tiene del Estado para solucionar sus necesidades fundamentales.

Tener una vivienda, un trabajo, una carrera universitaria, poder viajar al extranjero, todo ello es imposible si no se clasifican los individuos políticamente. Y es aquí donde funciona el miedo.

Hay miedo a perder el trabajo, a ser expulsado de la Universidad, a no tener los "méritos" necesarios para mejorar la vida, o a no recibir la "tarjeta blanca" cuando se quiera viajar a cualquier país del mundo.

"La Universidad es para los revolucionarios". Esta frase se repite hasta el cansancio por los dirigentes en los últimos tiempos, pero de igual modo se podría decir que para los revolucionarios son también las exiguas posibilidades de llevar una vida mejor si no se tienen dólares.

No sería extraño que llegase el día en que a quienes mandan en Cuba se les ocurra que los dólares son también para los revolucionarios y, entonces, se les pida a los ciudadanos un certificado de actitud combativa que haga posible recibir las remesas.

El miedo, podría afirmarse, es el verdadero sostén de los sistemas totalitarios, es a eso a lo que se hace referencia cuando se habla de espíritu revolucionario. Es decir, si para terminar su carrera un universitario suscribe la proclama contra el bloqueo, en la mayoría de los casos lo hará no por espíritu revolucionario sino por temor a no finalizar sus estudios.

Al margen de que se pueda estar o no de acuerdo con los postulados de la Iglesia, casi nadie cuestiona la milenaria sabiduría de esa institución. Y esa sabiduría se ve una vez más demostrada en el mensaje que más perduró de los que dejó el Papa en su visita a Cuba: "No tengáis miedo".



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