Publicado el lunes, 30 de noviembre de 1998 en El Nuevo Herald

Permiten viaje de disidente a congreso en México

PABLO ALFONSO
El Nuevo Herald


Días antes de partir, explicó Alvarez, ``me citaron a Inmigración con el pretexto de trámites burocráticos y allí estaban dos agentes de la Seguridad del Estado con los cuales estuve conversando durante dos horas. [...] No fue en un carácter extremo, ni mucho menos, pero ellos sí estaban muy interesados en conocer qué iba a decir en ese Congreso''.


Un dirigente del movimiento sindical independiente participó por primera vez con el consentimiento de las autoridades cubanas, en un congreso de una organización sindical latinoamericana celebrado la pasada semana en ciudad México.

``Fui respondiendo a una invitación de la Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT) a participar en su XI Congreso y las autoridades sabían eso'', afirmó Pedro Pablo Alvarez Ramos, secretario general del Consejo Unitario de Trabajadores durante una entrevista telefónica con El Nuevo Herald desde Caracas el sábado. ``Con esa intención viajé primero a Caracas y desde ahí a México''.

Alvarez regresó el sábado a La Habana luego de participar en el Congreso de la CLAT que se celebró en ciudad México. Antes de regresar a Cuba permaneció varios días en Caracas donde se entrevistó con dirigentes sindicales y políticos de ese país, así como con dirigentes del exilio cubano radicados en Venezuela.

Según Alvarez la autorización le tomó por sorpresa porque con anterioridad le habían negado el permiso para viajar a Caracas para responder a otras invitaciones que había recibido del grupo sindical Solidaridad de Trabajadores Cubanos (STC), organismo de exiliados cubanos también afiliado a la CLAT.

Días antes de partir, explicó Alvarez, ``me citaron a Inmigración con el pretexto de trámites burocráticos y allí estaban dos agentes de la Seguridad del Estado con los cuales estuve conversando durante dos horas''.

``Bueno fue una especie de interrogatorio-conversación'', afirmó. ``No fue en un carácter extremo, ni mucho menos, pero ellos sí estaban muy interesados en conocer qué iba a decir en ese Congreso''.

Alvarez calificó su participación en el Congreso como ``una experiencia muy grata, sorprendente y maravillosa'', porque nunca soñó que podía debatir temas de interés común junto a otros dirigentes sindicales latinoamericanos.

``Fue un congreso con mucha participación, de diferentes ideas y con un pluralismo amplio que es lo que nosotros queremos para el movimiento sindical cubano'', subrayó.

Eduardo García Moure, secretario general adjunto de la CLAT dijo que la participación de Alvarez en el Congreso, como representante de una organización sindical independiente, despertó un gran interés entre los delegados. Añadió que su intervención fue ``un momento muy especial para los sindicalistas''.

``La verdad es que todos, los 490 delegados de América Latina, la oyeron con una expectativa tremenda. Al final se le cortó la voz dos veces. Hizo un gran impacto, hablando en forma muy humilde pero muy verídica, exponiendo con claridad los problemas que confronta la clase trabajadora cubana'', dijo García.

En una entrevista con El Nuevo Herald, Alvarez agradeció la invitación de la CLAT y dijo que en sus 50 años de edad nunca había estado en una asamblea donde se puede debatir sin restricciones contra las ideas diferentes.

Alvarez trabaja actualmente como empleado de una posada o motel en la ciudad de La Habana. A fines de la década de 1980 laboraba como técnico de equipos pesados en el CIMEX, un consorcio de empresas estatales vinculadas al sector turístico, pero fue separado de su cargo por sus vínculos con grupos de derechos humanos y del sindicalismo independiente.

Alvarez fue elegido secretario general del CUT en julio de 1995, cuando se constituyó ese organismo como resultado de la unión de varios grupos sindicales en todo el país.

Dijo que desde entonces y en reiteradas ocasiones, han pedido su inscripción y reconocimiento ante el Ministerio de Justicia, pero que hasta ahora no han recibido respuesta.

Según Alvarez el movimiento obrero cubano, además de los derechos civiles y políticos que reclama junto al resto de la población, tiene muchas reivindicaciones por las cuales luchar, que son completamente ignoradas por el sindicalismo oficial representado por la Central de Trabajadores de Cuba.

Entre las reivindicaciones más importantes, citó el caso de los trabajadores empleados en las empresas mixtas, cuya propiedad el Estado la comparte con los inversionistas extranjeros.

``En esas empresas se violan los acuerdos fundamentales de la Organización Internacional del Trabajo de las Naciones Unidas, se discrimina la participación de los trabajadores y sólo se emplean a quienes son partidarios del régimen'', afirmó Alvarez.

Las empresas mixtas, explicó, no pueden acudir libremente al mercado laboral a contratar a los trabajadores de acuerdo a sus necesidades y las calificaciones de los mismos.

``Eso sólo se hace a través de una empresa empleadora, del Estado, que coloca en estas empresas a los partidarios del gobierno; así se compran supuestas lealtades y se discrimina abiertamente a los opositores'', dijo Alvarez. ``En esta flagrante violación de las normas internacionales participan por igual el régimen cubano y los inversionistas extranjeros. Esta es una de nuestras principales reivindicaciones laborales''.


Copyright © 1998 El Nuevo Herald