Publicado el miércoles, 3 de marzo de 1999 en El Nuevo Herald

RAUL RIVERO

El periodismo es de todos

La Habana -- Los grupos de poder político no buscan la verdad. Ni siquiera la verosimilitud. Simplemente tratan de permanecer y eternizarse. Es el periodismo el instrumento que tiene la sociedad para iluminar la vida. Para sacar a debate todo lo que concierne e interesa a los seres humanos.

Son los periodistas quienes de manera responsable y eficaz deben acercarse a la realidad y copiarla con pretensiones de espejo o interpretarla con inteligencia y honradez. Ningún grupo político, ninguna ideología, ningún sector de la sociedad puede monopolizar la información porque entonces el espejo tendría el azogue cargado, como los dados de los tahúres, y la interpretación puede ser inteligente pero estaría marcada por la genuflexión.

Creo que el movimiento de periodismo alternativo que se ha desarrollado en los últimos años en Cuba está encaminado no a excluir de la escena nacional la visión que ofrecen los medios oficiales de prensa sino a encarar el curso de la vida cubana desde otros ángulos, que hagan salir a flote el fenómeno íntegro. Los recursos, las alternativas y los destinos de las informaciones y comentarios de estos comunicadores no están dirigidos ni orientados por su vocación política. Están encausados por la despiadada represión policial, por la persecución permanente que sufrieron --sufrimos-- desde el momento mismo en que iniciamos esta labor.

Lo que ha hecho ilegal al periodismo independiente es la intolerancia de las autoridades que sistemáticamente niegan la licencia que debe otorgar el Ministerio de Justicia, según la Constitución aprobada en 1976.

Quienes han tratado de convertirnos en un grupo al servicio de intereses extranjeros son los funcionarios oficiales con sus conceptos ciegos y la soberbia que les impide aceptar que en este país --que miran como una propiedad privada-- alguien pueda expresar respetuosa y profesionalmente su opinión o dar a conocer zonas borrascosas y sombrías.

Publicar en Cuba un suelto mimeografiado puede llevar a la cárcel a su autor. No se ha cedido nunca ni un minuto en una emisora municipal ni una pulgada en la prensa plana. El periodismo independiente, para escucharse y difundirse, tiene entonces que recurrir a un territorio extranjero que esa misma intolerancia, esa represión, y esa posición cerrada ha convertido en una parte si no geográfica sí sentimental de la nación cubana: el sur de la Florida.

La recepción de ayuda y donaciones de todas partes del mundo no es un don de los periodistas. Fue una iniciativa y es práctica de los organismos del estado. Las leyes norteamericanas de las que la legislación de la Asamblea Nacional del Poder Popular pretende hacernos hijos bastardos han sido examinadas críticamente por muchos de los periodistas independientes en artículos publicados en medios internacionales.

Pero, además, la opinión pública debe ya comenzar a entender que el diferendo entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, los conflictos del embargo se usan para justificar medidas contra quienes dentro de Cuba quieren expresar sus ideas, reorganizar una sociedad civil, dar a conocer su pensamiento político o decir lo que pasa.

Comprendo a los colegas que en los últimos días, desde las páginas de la prensa oficial, nos han atacado con odio y saña. Comprendo a los diputados que ante las cámaras de televisión pidieron para nosotros hasta la pena de muerte. Yo sí comprendo.

Si en Cuba existiera el derecho de réplica pueden estar seguros que no utilizaría mi espacio para atacarlos y defenderme de los insultos brutales que nos han dedicado. Más bien escribiría sobre el derecho que tienen ellos a expresarse hasta con ese odio. Y es que el periodismo es un patrimonio de todos los hombres de la tierra y el derecho a opinar una maravilla que nos distingue de los bueyes y los corderos. Aunque unos lo ejerzan en concubinato con el poder y otros en la vecindad del murmullo de los cerrojos.

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