Publicado el viernes, 1 de enero de 1999 en El Nuevo Herald

Cuba, en harapos hacia el pasado

RAUL RIVERO
Especial para El Nuevo Herald

La Habana -- Después de 40 años de socialismo ya se puede volver a celebrar la Navidad. Se permiten las relaciones con los familiares del exilio y se autorizaron las remesas de dinero. Vuelve discretamente la Coca-Cola y se abren cada día tiendas con productos extranjeros.

Sí, el avance es incontenible.

A todas estas cosas, hay que añadir que por decisión del gobierno los cubanos son héroes, líderes de la resistencia, olímpicos en la solidaridad, austeros, ejemplares y simpáticos.

El mundo entero --según la prensa oficial-- detiene en un momento del día todas sus actividades y mira atento hacia esta pequeña isla del Caribe que sobresale como un faro en medio del caos universal.

No importa que los maldicientes, los tornadizos y los aguafiestas se detengan en pequeñas patologías sociales que no hacen más que humanizar estas cuatro décadas de victorias.

Es cierto que una familia que no reciba ayuda del extranjero y sin contratos con el grupo de poder o en una corporación no tiene acceso a las tiendas nuevas ni a la Coca-Cola ni celebró la Navidad. Pero ése no es el caso de la mayoría.

Hay que recordar que la educación es gratuita igual que la atención médica. Eso tienen.

Los maestros desertan por miles por sus bajos sueldos y se pasan a cargar maletas en los hoteles. Pero ahí están los aguerridos muchachos del Destacamento Pedagógico, estudiantes sin experiencia docente pero deseosos de enfrentarse a un aula y formar a las nuevas generaciones de revolucionarios.

No son fuertes en gramática ni en geografía, sin embargo, el programa de adoctrinamiento político es impecable y diáfano.

La salud está abierta para todos. Hay problemas en los hospitales. Falta la higiene, no hay toallas ni sábanas, escasean el jabón y los alimentos. Eso sí, ahí están los médicos. Ahí están, volviéndose locos para ver qué recetan. Algo que pueda estar en los estantes de las farmacias o que tenga un sustituto en la medicina verde: otro factor de la cultura popular que se ha recuperado.

Cierto, hay que anotar que la prensa sólo refleja los puntos de vista del gobierno en los periódicos, la radio y la televisión, que responden al Partido Comunista. Hay censura para los libros, nadie puede expresar públicamente sus ideas si no son afines a las autoridades y no existe libertad de asociación.

Los cubanos, después de 40 años, ya no están preocupados por seleccionar el hotel y la playa donde pasarán sus vacaciones. Saben que tienen las ``bases de campismo'', muy alegres y baratas, en las riveras de algunos ríos. Y los que viven en provincias tienen en La Habana asegurada una habitación en el New York, único hotel de la capital que acepta dinero cubano.

Cuando el resonante triunfo de 1959 existían unas 50 prisiones en el país. Ahora se cuenta con un sistema penitenciario más completo y eficiente que incluye casi 300 centros de esta categoría.

La corrupción, la delincuencia, los robos, estafas y trampas están invadiendo la sociedad; la doble moral, la mentira y los pequeños actos de raterismo son parte de la vida cotidiana.

En realidad, también se mueven en Cuba grupos pacíficos de oposición y están encarcelados un poco más de 300 ciudadanos considerados prisioneros políticos y de conciencia.

Inexplicablemente para las autoridades, miles de cubanos se quieren ir y no asistir a los festejos por el 40mo aniversario de la victoria de la revolución que, según se dice, apenas está naciendo.

Salen cada año 20,000 cubanos hacia Estados Unidos y no hay cifras sobre los que corren por las pistas de los aeropuertos, se casan con ancianos o ancianas de cualquier parte del mundo o simplemente insisten en jugarse la vida en el Estrecho de la Florida.

Sí, se avanza, y vino el Papa y va a venir el Rey de España. Dios se hizo público y se han podido sacar los Elegúas.

Cuba avanza en harapos y a empujones después de un rodeo de ocho lustros hacia el camino del que la sacaron en 1959.


Copyright © 1998 El Nuevo Herald