La exigencia de libertad incondicional para los opositores condenados
injustamente por Castro podría servir para reconciliar a los
socialistas con el lado oscuro de su historia.
No se trata de haberse equivocado con Castro, sino de enmendar lo que
se ha hecho mal. Sólo eso volvería a otorgarles autoridad
moral a unos individuos, unos partidos y unas ideas tan vapuleadas por los
experimentos sociales en este siglo.
Hay razones para ser optimistas. Entre las voces más altas que
piden la libertad incondicional de los opositores condenados, y que
critican las medidas represivas del régimen, se encuentran miembros
destacados de la izquierda de Europa y Latinoamérica.
En estos días hemos visto a la izquierda italiana,
brasileña, chilena, sueca, unidas al reclamo internacional de
libertad para los Cuatro de La Habana, quienes son, además de Roca,
Marta Beatriz Roque, Félix Bonne y René Gómez
Manzano.
Pero creo que el ejercicio debe ir más allá, hacia una
acción conjunta en la que el socialismo aproveche la oportunidad
para deshacerse de ese rezago estalinista de apoyo ideológico
ciego, y nada mejor que respaldar una de las causas más justas de
hoy: la libertad y democracia del pueblo cubano y de sus líderes
encarcelados.
La operación que realizaba tradicionalmente Fidel Castro para
tener a su favor a los socialistas era sencilla. El apoyar el discurso
antiyanqui, antiimperialista, significaba un espaldarazo al régimen
militar cubano. Era un apoyo ideológico en bloque, si se
está de acuerdo con una parte tiene que estarse de acuerdo con
todo. La versión posterior a la guerra fría que enarbola
Castro en estos días, trata de conseguir la aprobación de
los que se oponen al neoliberalismo y a la globalización con el
mismo argumento ideológico. Manifestarse contra del neoliberalismo
significa solidarizarse con su abanderado en La Habana, y afirmar todas
las acciones y declaraciones del gobierno isleño, que además
se declara socialista.
Otro sofisma con el que Castro ha coaccionado a la izquierda para
obtener su respaldo, o al menos su silencio, es el argumento de no
criticar para no darle armas al enemigo. Una variante de este silencio es
el viejo adagio ``la ropa sucia se lava en casa''.
Finalmente viene el agradecimiento. ¿Quién que ha sido
socialista, marxista, guerrillero, revolucionario, quién que ha
sido joven en América Latina no está agradecido del apoyo
material, moral simbolizado en la figura de Castro?
La izquierda debe revisar públicamente estos últimos
rezagos ideológicos de su pasado, y colocarlos en una nueva
perspectiva. La socialdemocracia no obtendrá el prestigio ni la
credibilidad que debe hasta que no se distancie definitivamente del
revolucionarismo y el populismo, como, según el Excélsior,
declaró el escritor mexicano Héctor Aguilar Camín. No
será vista claramente como una vía reformista,
evolucionaria, democrática, de apoyo a las grandes masas y no al
establecimiento de utopías dictatoriales ni experimentos de
ingeniería social hasta que como ideología, como
institución, se distancie de ese pasado. Y ese distanciamiento pasa
por el rechazo público a Fidel Castro y el apoyo incondicional a
los opositores dentro de Cuba.
Los opositores sí desean una sociedad democrática donde
el socialismo democrático pueda ser una realidad política
capaz incluso de conquistar el poder por las urnas.
La revolución cubana, el comunismo cubano, el socialismo cubano
tienen el derecho --como sucedió en otros países del antiguo
bloque soviético y en Latinoamérica-- de reciclarse en un
estado democrático, una sociedad desmilitarizada, con un sistema
judicial y legislativo independientes del Partido Comunista, en la que la
libertad de expresión y la libertad de asociación permitan
el juego político democrático, y donde los cubanos tengan
derecho a poseer propiedad privada más allá de sus
artículos de uso personal.
No creo que ningún socialista de los reunidos en México
tenga nada que oponer a estos principios. No creo que ningún
socialista apoye un gobierno que lo prohíba.
Si es así, es hora de que se pongan de pie y le digan
públicamente a Castro ¡Basta!, y echen a andar.
Socialdemócratas frente al pasado