Hubo españoles que analizaron ``el año del desastre'' y
señalaron las mentiras oficiales sobre la situación en Cuba,
la corrupción y la absurda ceguera de los políticos
españoles. Pero lo que predominó fue el resentimiento frente
a esos despreciables yanquis, ``comedores de salchichas'', incultos hasta
los huesos, quienes, lamentablemente, sabían construir poderosos
cañones y habían humillado a España. Se insinuaba que
los cubanos rebeldes que tanto habían sacrificado eran poco menos
que mercenarios pagados por los yanquis. Hoy en la efusión de la
amistad, hay prensa española que casi afirma que la Guerra del 98,
fue casi una lucha de españoles y cubanos contra el odioso yanqui.
Tal distorsión de la historia obliga a recordar algunos hechos.
No sólo la tozudez del gobierno español contribuyó a
hacer inevitable la guerra, sino que ni un solo mambí cayó
bajo el fuego yanqui. Fueron las balas españolas las que decimaron
a las filas mambisas, fueron los españoles los que ejecutaron o
mataron en combate a inocentes poetas como Plácido y Juan Clemente
Zenea, a indefensos estudiantes universitarios, conducidos al
paredón por las hordas de ``voluntarios'' españoles, a
Perucho Figueredo, a Antonio Maceo, a José Martí, y a miles
de cubanos más. Y fue el general Weyler, hoy en día
aplaudido en España, el que organizó las famosas
``reconcentraciones'' de campesinos que causaron la muerte a cientos de
mujeres y niños.
Hoy en día, con ceguera semejante a la del siglo XIX, en mucho
influenciado por el resentimiento de la derrota, el gobierno
español se juega su futuro en Cuba apoyando a un dictador viejo,
que ha aislado a Cuba del siglo XX, cuya ruina física y moral les
ha permitido a los inversionistas españoles sacar ganancias
fáciles de la tierra esclavizada. Sin ni siquiera repasar la
historia, por no mencionar la validez de los principios, España se
juega el futuro por las pesetas del presente. Sembrar odios en la isla y
fuera de la isla es poner en peligro valores más altos que los
millones de hoy. Cuando el cambio ocurra, Cuba tiene que volver a la
modernidad, y tiene que insertarse en el mundo del capitalismo
señoreado por Estados Unidos. Es entonces que a España le
interesaría contar con amigos en Cuba y fuera de Cuba. Y eso no se
puede lograr con turistas que andan con aires de conquistadores en La
Habana y dándole estrechos abrazos a un dictador en decadencia.
España: sentimiento y resentimiento
Copyright © 1998 El Nuevo Herald