Published Monday, August 14, 2000 in yara! online

XAVIER UTSET
Xavier Utset was the Chairman of the Free Cuba Foundation through the summer of 1998, a student organization based out of Florida International University(FIU). Xavier has a B.A. in International Relations from FIU. He has traveled to both Italy and Russia to speak up on behalf of human rights. He was instrumental in raising international attention on the plight of human rights activist Armando Alonso Romero who was released in 1998. Xavier was born in the autnomous region of Catalunya. His father is Cuban. He is currently attending George Washington University.

Entrevista a Lázaro González Valdés, ex vicepresidente de Concilio Cubano


Mi nombre es Lázaro González Valdés. Tengo 44 años. Nací en Ciudad de la Habana y siempre viví allí. Soy graduado de fotografía y dejé la escuela de Derecho, porque había que estudiar Marxismo. Fui fotógrafo, tallista en madera, pintor y cartero por necesidad. Soy masón desde 1989, pero pasé a dormir en 1992. También en 1989 me vinculé al Partido Pro Derechos Humanos de Cuba, del cual fui presidente nacional de 1995 a 1999. Soy miembro de honor de la Fundación Andrei Sakharov. Hoy estoy exiliado. Trabajo en la agencia Cubanet News, en Miami.

 

"Concilio acabó de definir las dos tendencias de la oposición"

Por Xavier Utset

Xavier Utset: Lázaro González Valdés fue una de las personas más destacadas del proceso de Concilio Cubano en 1996. Como muchos otros opositores, no tuvo nunca una vocación política definida, pero sí llegó a tener muy claro que la vida en Cuba no valía "un quilo", y que el sistema de cosas no daba lugar al sano desarrollo de las personas. Llegado el momento de buscar alternativas a la saturación, sólo en las organizaciones de oposición encuentra una puerta abierta a las disenciones. Desde su ingreso al Partido Pro Derechos Humanos (PPDH) en 1989, ha valorado siempre a la oposición interna como la base más sólida para un futuro sistema democrático en Cuba, y su salida de la isla no le ha hecho variar un ápice en ese sentido. De su participación en el movimiento pro democrático interno ha recogido buenas y malas experiencias, pero las considera todas ellas fundamentales para su madurez política.

-Cómo te vinculas al movimiento opositor?

En 1989 me hice masón, me afilié a la Logia Washington. Fue allí donde a través de algunos compañeros masones conocí lo que era el PPDH. Empiezo con mucho miedo, como casi todos los que empezamos en esto. Lo primero que hago allí es tratar de recaudar algunos alimentos para hermanos presos, del mismo partido o de otras organizaciones, y hacérselo llegar a sus familiares para que se los den en las visitas a la prisión. Se recaudaban alimentos, algún dinero también. Siempre con miedo y temor. También se me dieron declaraciones de derechos humanos para repartir. Esa fue la primera vez que leí la Declaración Universal.

En este tipo de labores me mantuve hasta el año 93. Todo esto es un proceso de maduración, en el que tu te vas dando cuenta de lo importante que es lo que estás haciendo, de lo justo de tu labor.

 

-Porqué entraste en la masonería?

Bueno, estaba buscando un espacio de libre expresión, de libertad, donde poder expresarme. Había buscado ese espacio en otros lados pero nunca lo encontré. La Iglesia, por ejemplo, estaba muy débil en ese momento, no tenía las posibilidades de hacer la labor que hoy hace. Para ellos era una época un poco a la defensiva, viendo por dónde seguían sus pasos.

 

-Resultó ser la masonería lo que tú esperabas?

No lo resultó, porque me di cuenta que la masonería también estaba permeada por la Seguridad del Estado. No sé cómo, pero estaba controlada a nivel de sus altos funcionarios.

En mi caso, yo paso a dormir [a la inactividad, en el argot masón] en 1992 o 1993. En ese entonces unos hermanos masones crean una organización, la Asociación Martiana Libertad, Igualdad, Fraternidad, que defendía los derechos humanos. El Gran Maestro en aquel entonces los acusó de implicar la Masonería en cuestiones políticas contra el Gobierno, de haber usado una consigna masónica para su organización. Hubo un juicio masónico, al que yo asistí. Recuerdo que el abogado Federico Tamayo Beronda dijo allí: "poco podemos esperar de la masonería cubana si condena a sus propios hermanos cuando todos los presentes aquí sabemos que, de esta puerta hacia fuera, ellos serán hostigados, perseguidos, golpeados y ultrajados por la Seguridad del Estado". Sin embargo, fueron sancionados a 6 meses de separación, y unos días más tarde fueron arrestados por ser miembros de una organización opositora. Ese día la masonería cubana se cubrió de vergüenza y decidí dejarla activamente. Ese día hubo una protesta de 300 personas en esa corte masónica, en protesta unánime por la decisión del jurado.

 

-Entras en la oposición en el mismo año que en la masonería.

Sí, hay algunos miembros de mi logia que eran miembros del PPDH, y la Logia Washington tenía ya un historial de activistas de derechos humanos [entre ellos, Reinaldo Bragado e Hiram Abí Cobas]. Con Arturo Güelmes recogimos algunos alimentos y dinero para el Dr. Samuel Martínez Lara, nuestro presidente entonces, que estaba preso.

 

-Se puede decir que el PPDH era autofinanciado?

Digamos que a los dirigentes nacionales en cierta forma se les daba una ayuda económica o material. Yo mismo, cuando ya perdí cualquier posibilidad de trabajo, vivía de los aportes de activistas pasivos, encubiertos, que sí tenían trabajo.

Pero esto no era un acuerdo escrito, sino que se hacía a conciencia de los mismos miembros que, al ver que los dirigentes estaban en estado precario, se comprometían a darles una ayuda. Cabe señalar que otra gente de la calle, que no eran miembros del Partido, nos aportaban ayudas por estar de acuerdo con nosotros. Aparte, muy de tanto en cuanto, nos llegaba alguna ayuda de los hermanos del exilio. Para los líderes era una manera de vivir muy informal, con muchas penurias, en la que no sólo tú sino también tu familia, no tiene ninguna garantía, ninguna seguridad.

 

-Fuiste alguna vez militante del Partido Comunista?

No, nunca lo he sido. Sí fui al servicio militar obligatorio, por ser obligatorio, como van tantos otros jóvenes en Cuba; pero nunca fui militante de la Juventud [Unión de Jóvenes Comunistas], ni del PCC, ni nada de eso. Como buen técnico y trabajador que era, la Juventud se me acercó varias veces a que me juntara a ellos; siempre les dije que yo no reunía las condiciones para eso porque no entendía mucho sus ideas y no compartía algunas cosas con su doctrina.

 

-Así, abiertamente?

Sí, sí.

 

-Porqué no compartías?

Porque es una doctrina que va contra la naturaleza humana, el derecho internacional... Creo que esto de promover luchas entre seres humanos, entre clases, va contra el derecho internacional. No creo que sean métodos para promover la paz en el mundo.

Mis experiencias en el servicio militar fueron muy decisivas en este sentido. Yo entré en el servicio con 16 años acabados de cumplir. Había mucho atropello contra los reclutas. Incluso hubo uno que se suicidó porque no resistía el hostigamiento hacia los reclutas. Se disparó con un M-52. Al día siguiente, cuando formaron a toda la unidad, simplemente acusaron al recluta de haber traicionado la Revolución porque se había matado. Aquello a mí me impactó mucho porque vi que no respetaban ni a los muertos.

Además, teniendo yo unos 13 años, ya había leído el Diario del Ché en la Sierra Maestra, donde narra cómo se fusila a un hombre porque se cogió la lata de leche condensada. Pensé que si estas personas eran capaces de fusilar a alguien por tener hambre, es que despreciaban la vida. Yo no creo que ninguna vida pueda cambiarse por una lata de leche condensada.

 

-Alguna vez denunciaste esos hechos?

Bueno, en aquella época no se conocía del movimiento de derechos humanos....

 

-Quiero decir dentro del sistema, a las jefaturas militares, por ejemplo?

No, eso no era una opción. En Cuba esa opción existe en escritos, en letra muerta. Se adjudican derechos a reclamar cosas como estas y a obtener una respuesta del gobierno, pero esa respuesta se limita a decir que su caso está siendo analizado y que con posterioridad se le informara.

 

-O sea que sentiste que no había otra salida que acudir a algo fuera del sistema?

Sí, seguro. Bueno, en el año 85 ú 86, trabajando de fotógrafo, me eligen como representante en el sindicato oficial. Me embullaron y yo un poco que confié en ello, y acepté. La experiencia fue terrible. Cuando planteabas demandas, como que se revisaran los salarios a razón del trabajo ejercido, casi te acusaban de ser una persona conflictiva que creaba problemas al sistema y a la Revolución. Cuando tratas de hacer cambios desde dentro, simplemente eres acusado de atacar a la Revolución.

 

-En Cuba plantear discrepancias implica buscarse problemas. Porqué lo hacías entonces?

Yo siempre he creído que uno debe decir las cosas. Quizá es un problema de crianza. Yo no tenía porqué no decir la verdad, porque no pienso que sea delito hacerlo. Así lo he hecho incluso dentro de la disidencia, lo que me ha traído críticas de otros disidentes porque creían que había cosas que decirlas no contribuía a la causa. Yo pienso que la verdad siempre conviene a la causa. Yo creo en el pensamiento martiano que dice que si se cae, se debe caer abrazado a la verdad, porque entonces se cae en una hermosa compañía. No soy la persona más pura del mundo, pero siempre he tratado de ser transparente.

 

-Volviendo a tus años de disidente, tú en realidad eres uno de los primeros miembros del PPDH, verdad?

No, Recuerda que en el mismo 1988 en que se fundó, un año antes de mi vinculación, había recogido 10.406 firmas entre sus afiliados, solicitando un plebiscito. El PPDH surgió con mucha fuerza. Después vinieron luchas intestinas, divisiones ente Samuel Martínez Lara y Tania Díaz Castro, y también con Nelson Torres Pulido. Hubo y todavía existen dos facciones del PPDH, la que dirige actualmente Odilia Collazo y la que está afiliada a la Fundación Andrei Sakharov. Esta división es posterior al remolcador, cuando sale casi toda la dirección del PPDH, y se deja a Odilia como dirigente hasta las próximas elecciones. Ella desacata eso e impone un ejecutivo. Un grupo de nosotros no estuvimos de acuerdo y nos amenazó con la expulsión. Nosotros llevábamos ya muchos años en esas tareas para que ella nos marginara entonces, o sea que decidimos organizarnos aparte y seguir nuestras tareas, diciendo que éramos el PPDH de Cuba. Posteriormente se me elige presidente de esta facción. Es después de Concilio Cubano cuando la Fundación Andrei Sakharov me hace miembro de honor y afilia nuestro partido a ellos.

 

-Ya en la época del remolcador [verano de 1994] eres delegado [líder] del PPDH del barrio de Arroyo Naranjo, en Ciudad Habana. Cuántos activistas tienes entonces a tu cargo?

Activistas públicos llegamos a tener más o menos un centenar. No públicos, por momentos llegamos a tener entre 500 y 600, fácilmente. No sé exactamente la población de Arroyo Naranjo, pero debe ser de unos varios cientos de miles supongo.

 

-Es una cantidad grande de activistas, no?

Yo creo que eran bastantes para aquella época. Incluso yo te diría que era una época en la que el PPDH ya mermaba, ya decaía. Había habido divisiones, hostigamientos, confusiones provocadas por infiltrados... había sido más fuerte anteriormente. [Las cantidades] oscilan mucho, claro, en función sobretodo de las batidas de la Seguridad del Estado.

El PPDH en esos tiempos estaba haciendo un buen trabajo. Después del hundimiento del remolcador [13 de Marzo] es el PPDH el que hace la denuncia. Recuerdo que un día recibo un mensaje de Nelson Torres Pulido [qué cargo tenía?] sobre un barco que habían hundido, y que buscáramos quiénes eran las víctimas. Recuerdo el caso de María Caridad Ruiz y su hijito de 3 años, de Arroyo Naranjo. Otro caso en Párraga, Arquímides Lebrigio Gamboa. Él murió, y su padre había sido rescatado y ya estaba preso en Villa Marista. Recuerdo que la primera lista parcial de víctimas del remolcador la hice yo de mi puño y letra, en casa de Nelson Torres, donde estabamos todos los que trabajamos en el caso, unas 30 o 35 personas.

Ya en esos días teníamos una organización tal en el PPDH que en 48 horas teníamos la lista casi completa de los muertos, los encarcelados, los liberados (niños y mujeres) y los desaparecidos.

 

-Háblame de Concilio Cubano. Tú fuiste uno de los vicepresidentes.

La idea surgió en octubre de 1995 de Leonel Morejón Almagro y Juan José López Díaz, y desde el principio le dimos mucho calor en el PPDH. Fuimos de los primeros firmantes. Era un momento clave en la oposición. Todo el mundo tenía el ánimo de unirse, pero había un problema -el mismo que ahora: que cada cual creía que la unión debía ser en torno a ellos y sus ideas. Este papel protagónico de todo el mundo impide que se cree lo que todo el mundo quiere, que es la unión. En eso surge Leonel Morejón, una persona con prestigio por haber defendido a opositores de cualquier tendencia como abogado. Cuando Leonel lanza el proyecto es aceptado por todas las partes, porque no representa un contrincante para nadie. Ese es el éxito de Concilio: que Leonel no era visto como un líder que pudiera competir con ninguna de las partes, y eso aglutina a la oposición en torno a él.

 

-Eso habla muy mal de la oposición.

No, yo no creo que hable mal; lo que te dice es que la oposición cubana no es perfecta. Yo creo que la disidencia debe centrarse en hacer lo que se trató de hacer durante Concilio, una sola cosa, un bloque que pueda enfrentar el sistema totalitario. Al ser algo tan abierto, en la disidencia llega cualquiera y forma una organización, y hace lo que se supone que se hace en la disidencia, verdad, que es asociarse. En Concilio hubo algo de esto, cada uno veía su tendencia por encima del interés común, y eso impedía la unión.

Esto se trató de solucionar a través de un consenso mínimo, porque si ves la Declaración Final de Concilio, lo que pide son cosas muy básicas. Además, dado que Leonel no representaba ninguna tendencia, nadie tiene que renunciar a nada, sino afirmar unas bases mínimas de consenso.

 

-Y qué pasa tras el consenso?

En ese momento empieza una gran lucha en muchos sentidos. Hubo dos grandes batallas. Una con el gobierno, y la otra por el liderazgo. Pero fue muy interesante, porque fue algo así como un tubo de ensayo de democracia dentro de la dictadura totalitaria. Sin duda, Concilio marca una pauta. Definió las dos vertientes de la disidencia cubana: la que pretende hacer cambios o transformaciones con el gobierno accediendo a ellas, y la que pretende provocar esos cambios a pesar del gobierno. Los que saben que la desobediencia civil es el único método de lucha contra la dictadura, y los que no aceptan ese método porque quieren, de una manera u otra, mantenerse en una posición donde sean menos hostigados, y que piensan que realmente, quizá de muy buena fe, el gobierno puede acceder en algún momento a hacer transformaciones.

Estas son las dos grandes vertientes, que incluyen a prácticamente todos los grupos, independientemente de las tendencias ideológicas que se tengan.

 

-Entonces la división de tendencias es así de fuerte y de clara en el 95?

Sí, así es. Por ejemplo, ve la edición de El Nuevo Herald del 24 de febrero de 1996. En ese momento yo ya estoy preso. A mí me juzgaron el 22 de febrero, y a Leonel el 23. Ese día hay unas declaraciones de los líderes más conocidos. Lee las de Marta Beatriz Roque Cabello, como ejemplo típico de un disidente que no va a actuar nunca en la desobediencia civil. Dice que ellos no van a hacer nada que vaya en contra de lo que el gobierno permita. Cuando yo salí [de prisión] y pude leer esas declaraciones me sentí verdaderamente defraudado de este sector de la disidencia, porque eso no fue lo que se habló en Concilio Cubano. Ahí quedaron bien definidas las dos tendencias de las que te hablo: los que están a favor de conquistar los derechos que se niegan, y los que van a esperar a que haya una transformación desde el gobierno.

Esto no es hablar mal de la disidencia, es una realidad flagrante que es bueno reconocer, para conocerse a sí mismo.

 

-Y antes de Concilio esta división no existía?

Creo que antes todo era un poco más confuso. Sí existía, pero quizá no se veía tan claramente la opción de la desobediencia civil como un motor de cambio, aunque realmente existen algunos actos desde mucho antes. Se define mucho mejor después de Concilio. Allí se ve claro que hay un sector que no va a actuar nunca en ese sentido. Este sector autodenominado moderado quiere, y así lo expresa, que el gobierno empiece las reformas, tienen esa esperanza. En el caso de Oswaldo Payá, aspira a llegar a ocupar un escaño en la Asociación Nacional del Poder Popular (ANPP). El Proyecto Varela no es más que eso.

Nosotros considerábamos que esa posición era absurda, porque el PCC, estando respaldado por una constitución impuesta por ellos, no va a permitir disidentes en la ANPP que le socaven el piso para que ellos se caigan.

 

-Y no es posible combinar los dos métodos de lucha? Es decir, quizá a través de la desobediencia civil se puede forzar al gobierno a dar algunos pasos hacia un diálogo o, por ejemplo, a acceder al famoso escaño de Oswaldo Payá. No crees que una combinación de los dos métodos haría posible situaciones como ésta?

No, realmente no creo que los dos métodos sean compatibles. Resulta que estos líderes moderados se presentan ante la comunidad internacional como la representación de toda la oposición, y cuando un extranjero se reúne con Elizardo Sánchez, se va con la idea de que la oposición cubana está esperando a que el gobierno le dé el "chance" de hacer los cambios. Esa es una imagen torcida de la realidad. Hay un grupo considerable, incluso mayoritario, que no va a esperar al gobierno.

Mira, la esencia del régimen de Fidel Castro le impide hacer transformaciones de su propio pie. Tan es así que el propio régimen es capaz de sacrificar a sus propios funcionarios para sobrevivir. Mi experiencia personal me dice que el régimen nunca cambiará desde dentro.

Ahora bien, sí pueden haber transformaciones por presiones desde la desobediencia civil, pero no se pueden limitar a que tengamos uno o varios escaños en la ANPP, porque muy poco habremos ganado.

Creo que estos hermanos actúan de buena fe, pero creo que a pesar de todo el reconocimiento internacional que puedan tener, están totalmente errados. El discurso oficial es claro: el pluripartidismo es una pluriporquería. Y no es que lo digan, es que lo hacen. No hay otra salida que, a través de la desobediencia civil, terminar con ese estado de cosas.

 

-O sea que la desobediencia civil es la única opción para el cambio democrático desde la isla?

Hay dos maneras de luchar contra la opresión. Una es la vía de las armas, que es un derecho legítimo reconocido implícitamente en el tercer considerando de la Declaración Universal cuando un pueblo está oprimido. Hoy en día esa vía es impracticable en Cuba, y los tiempos cambian y ya nadie está a favor de esta forma de lucha, lo cual creo que es correcto. La otra es la desobediencia civil, como la de Gandhi y Martin Luther King. Ha sido usada y ha dado resultados. Yo no conozco otro método aparte de estos dos.

 

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